LOS ROMANOS EN ANDALUCÍA
Su extraordinaria
ubicación y su gran riqueza minera la han hecho a lo largo de la
Historia un lugar muy deseado por las principales potencias
mediterráneas. Los colonos griegos y fenicios instalaron un buen número
de ciudades en sus costas, manteniendo relaciones y a buen seguro
influyendo de un modo importante en el mítico reino de Tartessos. Los
cartagineses fueron los siguientes dominadores del suelo andaluz hasta
su enfrentamiento con la República de Roma en el siglo III a.C. en las
llamadas guerras púnicas, que marcó el inicio de la era romana y el
futuro devenir de la provincia romana de la Bética. Andalucía, además de
exportar su afamado aceite a todos los rincones del Imperio Romano,
legó a Roma los dos primeros emperadores no itálicos, Trajano y
Adriano.
Acinipo - Ronda
Teatro Romano - Málaga
El teatro romano de Málaga son los restos arqueológicos del teatro de la Malaca antigua y el principal vestigio conservado de la presencia romana en Málaga. Está situado en el centro histórico de la ciudad, a los pies de la colina de la Alcazaba.
Obra de los primeros años del Imperio, su diseño corresponde a una
construcción mixta que combina el aprovechamiento de la ladera del cerro
para el graderío —al modo de los teatros griegos— con una importante
construcción allí donde la roca es inexistente, creando el espacio
necesario para las gradas.
Ocupada desde el Neolítico, Acinipo ofrece muestras pertenecientes a la Edad del Cobre y a la del Bronce
como han puesto de manifiesto una serie de cabañas circulares
protohistóricas localizadas en las últimas excavaciones realizadas en la
ciudad. A pesar de ello el momento de mayor esplendor de la ciudad de
Acinipo es sin duda la etapa romana sobre todo desde finales del siglo I d. C., como puede deducirse de las grandes construcciones que en ella se encontraban.
Su nombre aparece por primera vez como Acinippo en textos de Ptolomeo y Plinio el Viejo, así como en monedas, en una inscripción y en el concilio de Iliberri. También fue estudiado por eruditos del siglo XVI, como Lorenzo de Padilla, si bien sería en el siglo XVII cuando Fariña del Corral identifique en 1650
al teatro existente como romano. Ha sido conocida desde antiguo como
Ronda la Vieja al considerarse como antiguo asentamiento de esta ciudad;
la realidad es que ambas ciudades, Acinipo y Arunda, coexistieron en el tiempo.
La ciudad decae a lo largo del siglo III; en el siglo IV este núcleo urbano pierde su importancia en la zona, pasando la hegemonía en el territorio más cercano a Arunda, la actual Ronda.
Según las últimas investigaciones y el hallazgo en el yacimiento de
restos cerámicos la ciudad pudo quedar deshabitada no antes del siglo VII.
El teatro romano de Málaga son los restos arqueológicos del teatro de la Malaca antigua y el principal vestigio conservado de la presencia romana en Málaga. Está situado en el centro histórico de la ciudad, a los pies de la colina de la Alcazaba.
Obra de los primeros años del Imperio, su diseño corresponde a una
construcción mixta que combina el aprovechamiento de la ladera del cerro
para el graderío —al modo de los teatros griegos— con una importante
construcción allí donde la roca es inexistente, creando el espacio
necesario para las gradas.
Se trata de un teatro de medianas dimensiones que conserva gran parte de la cavea o graderío, la orchestra ricamente decorada con grandes losas de mármol. El aparato escénico
cerraría al fondo con una fachada ornamental decorada con vanos,
columnas y esculturas, de las que se han recuperado varios ejemplares.
Villa Romana - Granada
La villa de Salar se encontraba situada cerca de una de las vías romanas de comunicación más importantes de la provincia Bética,
concretamente a la vía que cruzaba transversalmente la depresión
granadina. La provincia Bética, en la que se localiza Salar, era una de
las provincias de mayor importancia exportadora de los productos que
integran la triada mediterránea: trigo, aceite y vino.
También se continúa esperando a que confirmen la importancia que tuvo
esta zona de la provincia Bética y la villa de Salar en los siglos I al
III d.C.
La ciudad nació a finales del siglo II a. C., siendo la heredera de un asentamiento bástulo-púnico más antiguo (Bailo, Baelokun), y su existencia está muy relacionada con el comercio con el norte de África (era el principal puerto marítimo que enlazaba con la ciudad de Tánger en Marruecos). Es posible que Baelo Claudia tuviera algunas funciones de centro administrativo, pero la pesca, la industria de salazón y el garum (una salsa derivada del mismo) fueron las principales fuentes de riqueza.2 El emperador romano Claudio le concedió el rango de municipium (municipio romano).
La vida de estas poblaciones alcanzó pleno esplendor entre los siglos siglo I a. C. y siglo II d. C., iniciándose su decadencia a partir de segunda mitad del siglo II, cuando un gran maremoto arrasó gran parte de la ciudad. A sus desastrosos efectos se sumaron la crisis del siglo III y las incursiones de hordas de piratas, fundamentalmente mauritanos y germanos. Aunque experimentó un ligero rebrote en el siglo III, la ciudad fue abandonada definitivamente en el siglo VII.



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